(14.06.2004).-
¡Aquí no ha pasado nada! Y, por no
pasar, ni los votantes pasaron por las urnas. ¿Podríamos
haber esperado otra cosa en estas elecciones en
las que abundaron los políticos de medio
pelo? Y no me refiero a políticos casi calvos
-pues la inteligencia no está en la cabellera
sino debajo de la misma. Me refiero a aquellos políticos
que -aparcados en la vía de la baja velocidad
por aquellos que accedieron a la alta velocidad-
fueron sacados de la manga de los partidos como
por arte de birlibirloque para representar a los
ciudadanos en Europa. Aparte de que estos políticos
puedan representar a los ciudadanos mejor o peor
(ya lo veremos como lo harán), lo que decididamente
no han logrado es arrastrar a las masas e inculcarles
la idea de Europa y la importancia que para todos
nosotros tienen las decisiones que se toman en Bruselas
y se aprueban en Estrasburgo.
Los
medios de comunicación poco se han preocupado
por informar a los ciudadanos sobre las elecciones
del 13J y, cuando han hablado o escrito sobre las
elecciones, lo han hecho refiriéndose sobre
todo al PSOE y Borrel o al PP y Mayor Oreja. Creíamos
que el síndrome de Urdaci se daba sólo
en TVE, y que era una enfermedad ya superada. Pero
desgraciadamente hemos comprobado que Antena 3,
Tele 5 y otros medios de comunicación se
han infectado del virus y también han padecido
este síndrome, presentándonos, de
forma que nada tiene que ver con la pluralidad democrática,
debates entre dos cabezas de lista, como si a las
elecciones sólo se presentaran dos candidaturas.
La
visión que se les ha dado a los espectadores
fue limitada y parcial: en vez de ofrecer todo un
abanico de posturas y alternativas, presentaron
a dos cabezas de lista que, menos bonito se dijeron
de todo el uno al otro, a pesar de que las políticas
que ellos defendían poco se diferenciaban
realmente unas de otras.
Así
no se puede entusiasmar al electorado. La consecuencia
es palpable: los espectadores se quedaron en eso,
en espectadores. Asumieron tan bien el papel de
espectadores que un 55 por ciento de los votantes
se refugió en esa rúbrica de las
encuestas que dice "no sabe o no contesta"
y se quedó en casa.
Conclusión: ¡Así no puede
pasar nada y nunca pasará nada de nada!