(04.05.2005).-
Mañana se cumplen 60 años. El
día 5 de mayo de 1945 el campo de concentración
de Mauthausen fue liberado. Los soldados
americanos fueron los primeros que trajeron a la luz
las imágenes de las atrocidades que fueron
cometidas detrás de los muros de Mauthausen.
La decisión de conservar el antiguo campo de
concentración y su declaración como
Memorial supone el reconocimiento de la necesidad
de mantener vivo este recuerdo para las futuras generaciones.
Se trata de conservar este recuerdo y al mismo tiempo
de preservar las huellas de
una historia común internacional, cuya repetición
debe ser evitada de todos modos.
La bandera constitucional
española ondeará junto a la republicana
El próximo domingo, 8 de mayo, José
Luis Rodríguez Zapatero, va a ser el primer
líder español que presida en Mauthausen
un homenaje a los cerca de
7.000 españoles deportados a aquel campo de
exterminio nazi. El viaje presentaba la
dificultad institucional de que la única bandera
izada tradicionalmente en estas celebraciones ha sido
la republicana, y el himno oficial, el de Riego. Pero
contactos discretos y una buena dosis de generosidad
por parte de los escasos supervivientes permitirán
que la bandera constitucional ondee también.
A
poco de producirse la anexión de Austria
al Imperio Alemán en el municipio de
Mauthausen se empezó la construcción
de un campo de concentración para los adversarios
del régimen nacional-socialista. Ese campo
iba a ser el primero fuera de las fronteras y uno
de los más temidos de todo el sistema de
campos de concentración nacional-socialista.
Hasta
la liberación del campo por el Tercer Ejército
Norteamericano, un total de aproximadamente 200.000
internados, provenientes de numerosos países
de Europa y del mundo, sufrió las condiciones
inhumanas de internación y los métodos
de tortura de los SS. Más de la mitad no
sobrevivió su internación.
Los prisioneros murieron de fatiga física
debida a la explotación de su mano de obra,
de epidemias causadas por las devastantes condiciones
higienicas, fueron torturados hasta la muerte, matados
a tiros por los guardias de los SS o ahogados en
las cámaras de gas de Mauthausen, en el campo
dependiente de Gusen o en el Instituto de
Eutanasía de Hartheim.
Conocido
como el campo de los españoles, Mauthausen
marcó el terrible destino
de muchos de los republicanos
huidos a Francia tras la Guerra Civil y
se convirtió en la tumba fatal de cerca de
5.000 de ellos.
Un total de 927 exiliados partieron en un solo día,
el 20 de agosto de 1940, y de una sola ciudad, Angulema,
en el primer tren de la muerte organizado por las
autoridades de Vichy, que no duraron ni un segundo en convertir a los
refugiados españoles en deportados. Un mes
después, Ramón Serrano Suñer,
cuñadísimo y ministro de Exteriores
de Francisco Franco, se entrevistaba en Berlín
con su homólogo, Joachim von Ribbentropp.
Los 927 de Angulema fueron
los pioneros y constructores contra su voluntad del
campo de concentración tallado en
una cantera de granito próxima a Linz, que
en cinco años llegaría ser el gran exponente
de la barbarie nazi en territorio austríaco.